
El mago se despedía del público haciendo una ligera reverencia. El público respondía aplaudiendo con gran fervor. Algunos de los presentes aún no habían logrado cerrar la boca ante el asombro provocado por su último truco, la traca final del mago.
El público estaba compuesto por gente de todo tipo, tanto niños como no tan niños habían disfrutado del espectáculo. El gorro que había depositado en el suelo estaba bastante lleno. Contenía monedas de diversos tipos, un par de botones y un pequeño papel doblado.
El mago fue guardando todos sus cachibaches mientras el antiguo público se disgregaba a lo largo del parque. Cogió aquel gorro verde y lo volcó en una maleta. Después contó a ojo las ganancias de la tarde, se guardó los botones en el bolsillo y abrió el papel.
En este ponía con mala letra:
Muchas gracias.
Cogió un bolígrafo, dio la vuelta al papel y comenzó a escribir sobre sus piernas en éste. Más tarde, dejó su gorro en el suelo, dobló el papel y lo depositó dentro. Terminó de recoger sus bártulos y se alejó dejando aquel pequeño presente en medio del parque.
Minutos después un joven de pelo negro se acercó a él y lo cogió. Tras unos minutos andando con el gorro en la mano, se percató de que en el interior del gorro había un papel. Había escrito algo en él. En una de las caras ponía “Muchas Gracias” y en la otra estaba escrito lo siguiente:
Me hice mago para recordar a los presentes la ilusión de creer en lo imposible, como cuando eramos niños. Espero despertar a todos los adultos que me contemplen al niño curioso que todos llevamos dentro. Cuando lo posible se puede conseguir todos los días tenemos que buscar lo imposible.
El chico fue a casa y cogió otro papel y escribió una frase en él. Posteriormente fue al parque y colocó el gorro con su papel dentro en el mismo sitio donde lo cogió. Se fue y sabía que mañana el gorro seguiría ahí, porque la ilusión esta en todas partes, busquémosla.

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