Navegando entre páginas de papel


Libre como un pajaro
09/12/2011, 20:52
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Me encontraba sentada en una silla en mi habitación, el respaldo me alcanzaba la mitad de la espalda produciéndome un ligero malestar en ella que me obligaba a estar ligeramente encorvada sobre la mesa. Con una mano me quitaba un mechón de pelo que no cesaba el intento de cubrir mi rostro, mientras la otra daba vueltas entre mis dedos un fabuloso lápiz de dureza HB.
Llevaba ya varias horas en esta situación, jugando con él, o enrroscando mi pelo en torno a mi dedo índice para paliar la falta de inspiración y de aburrimiento.
Siempre me había preguntado que habían hecho los grandes escritores y pintores del pasado para elucubrar sus obras sin caer en la repetición y en el tedio. Puse los codos sobre la mesa y miré con atención al papel mientras murmuraba:
-¿Por que cojones no te dibujas solo? Ya podías echarme una mano…
Resignada me levanté de la silla y me tumbé en la cama de golpe. Ésta hizo un ruido como si le doliese el golpe recibido, y el sonido posterior al moverme sobre ella fueran quejas por tener que aguantarme encima.
Tras tirarme un rato vagueando, dando vueltas sin parar, decidí volver a ponerme manos a la obra.

La creación no es una obra fácil pensaba, muchas veces en la vida no sabes hacia donde tirar, o que hacer para seguir hacia adelante y necesitas darle al ingenio para abrir caminos donde hay barrancos o construir túneles donde hay océanos. Sin mucha decisión comencé a garabatear sobre la hoja, mi firme enemigo del momento.
Comenzó a brotar de mi lápiz, tinta a raudales, que creaba diversos trazos con gran variedad de colores Una mariposa brotaba en uno de los lados de la hoja sin llegar a despegar del todo, un jilguero comenzaba a aparecer entre mis dedos, el lápiz y su contacto con el papel. Su tácto rugoso trás haber sido arrugado y estirado numerosas veces parecía un paño de seda y las dudas técnicas se habían disipado como el humo de un buen habano.

Seguí dibujando mientras una gran cantidad de figuras iban tomando forma, parecía que nunca se me iba a agotar el espacio. Cuando me di cuenta el folio se encontraba llena de insectos y aves: Había urracas, abubillas, águilas, buites, langostas, mariposas… Seres vivos de todas las tonalidades y colores.
Contenta con el resultado y el esfuerzo agotador decidí levantarme para mover mis enquilosadas articulaciones. Cada vez que me estiraba un concierto de crujidos ponían una honrosa melodía a mi recien llegada satisfacción. Tras un momento de complacimiento propio abrí la ventana, asomé la cabeza y cerré los ojos mientras los tirabuzones bailaban al son de la suave brisa de primera hora de la tarde.

Tras respirar con profundidad durante un rato mientras miraba las montañas en la lejanía, una mariposa se posó en mi cabeza, dándome un ligero susto que hizo que reboloteara alrededor mía. Escuché un zumbido y me giré. Me acerqué corriendo al borde de la mesa para terminar de creer lo que acababa de ver, la mariposa que había dibujado había desaparecido. Sin mas, sin dejar ningún tipo de rastro, como si nunca hubiera existido.
Tan pronto terminé de decir estas palabras, las alas de la abubilla hicieron un pequeño aleteo, sin parpadear me acerque lentamente al dibujo para observar de cerca si mi imaginación me estaba jugando una mala pasada.
Tan pronto me acerque a menos de dos palmos, el pájaro salió disparado del mismo hasta golpear ligeramente la lámpara que colgaba del techo. Inmediatamente después, la gran cantidad de animales que había dibujado comenzaron a tomar forma y a salir disparados del papel. Se formó un torbellino de animales de color que mezclados con los destellos del sol que entraba por la ventana, comenzaba a plagar la habitación de una belleza que jamás habría logrado concebir.

La cabeza no para de darme vueltas intentando seguir cualquiera de los puntos de color que alcanzaba a distinguir y comenzaba a marearme.
Cerré momentáneamente los ojos y puse la mente en blanco buscando un segundo de relax. Al volverlos a abrir, toda la movilidad había desaparecido y el silencio habitual solo era interrumpido por el paso de algún vehículo por la carretera. Sin saber que había pasado exactamente me acerqué a la mesa a observar el dibujo, ahí se encontraba exactamente, tal y como lo había comenzado a dibujar horas atrás. Sin saber que había ocurrido me senté en la silla y pensé: “Solo los sueños nos pueden marcar el camino…  yo solo quiero volar” y seguí dibujando.