Navegando entre páginas de papel


El éxodo de los olvidados
11/12/2009, 22:19
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El día se apagaba tranquilamente. El Sol se resistía a dejar el trono al regente que conspiraba por las noches contra él. El turnismo en la cúpula celeste no se detendría jamás.

La titánica lucha librada mas allá del horizonte se reflejaba en el lago como todos los días y en su orilla un hombre lanzaba piedras que describiendo un arco se hundían rápidamente.
Una mochila de gran tamaño estaba tirada a la derecha de un gran abedul. En un costado tenía un descosido por el que sobresalía el mango de una sartén.

El joven intentaba relajarse como podía, las piedras y las gotas de sudor no dejaban de caer. Se encontraba dubitativo, los nervios afloraban ante el paso que tendría que dar. Pero era la única manera.
Su billete de tren partía hacia la capital en una hora aproximadamente. Se levantó y se miró a si mismo en el lago, venció como pudo al miedo que encadenaba sus pies al suelo y se alejó silbando de la orilla.
Sacó un monedero de lana y comprobó que lo llevaba todo: un billete con destino al futuro, algo de dinero suelto y un papelote arrugado con una dirección apuntada. Todo perfecto.

Se acercó a sus pertenencias, sacó un pañuelo rojinegro que cubrió su cuello y acto seguido, sacó una cazadora. Cargó en sus hombros como pudo su mochila y comenzó a caminar hacia la estación del pueblo.
Caminando hacia el futuro sabía que iba a ser difícil, pero tenía que seguir avanzando. Con paso firme aceleró. El futuro no espera por los rezagados.

Foto: Galería de Martin LaBar en flickr!

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Siempre vigilantes
11/01/2009, 19:50
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Los seres humanos son seres prepotentes y mezquinos. Llevan siglos adorando a un Dios en el que creen ciegamente y encomiendan su paso a otra posible vida. Lo que no pueden demostrar lo humanizan y adoran sin buscar su comprensión.

Crean ejércitos y armas para protegerse de otros humanos, para protegerse de ellos mismos. Cuantas veces he visto con mis cansados ojos la mentira bailando sobre el silbido de las flechas o el atronar de los arcabuces. Cuantas veces he visto el embauque forjado en la hoja de un puñal o en una pistola oculta en un bolsillo.
No existe mayor peligro para el ser humano que el propio ser humano.

A nosotros nos construyeron para vigilar de noche sus ciudades y cultos mientras ellos dormían. Pero tampoco se fiaron de nosotras y crearon vigilantes para que nadie hiciera nada malo.
Patrullaron sus propias ciudades en busca de la propia codicia humana, pero solo se encontraron a ellos mismos, a sus propios temores.

Llevamos más de veinte siglos subidos en vuestros edificios mirando hacia el futuro observando como cometéis errores e incluso a veces aprendéis de ellos. Pero todavía os queda mucho por aprender para poder superaros a vosotros mismos… y yo espero estar aquí para verlo.