Navegando entre páginas de papel


En un atardecer de su vida…
09/29/2009, 23:09
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Llevaba ya demasiado tiempo detrás de su presa, pero daba igual, lo intentaría día tras día hasta conseguir su objetivo.
Su tez mostraba los angostos surcos que el tiempo había ido esculpiendo con paciencia y sus ojos parecían tatuados por la frase “Mañana será otro día”. A pesar de pasar de los cincuenta, se sentía en plenas facultades para realizar lo que el corazón le pidiera.
Anthony refunfuñaba, llevaba doce horas, doce horas ya, intentando conseguir que su presa picara. Cambiaba el cebo, el peso, un sedal más fino, más grueso, todo daba igual. Cero resultados.

Preparándose para irse a casa, plegó la silla sobre la que había estado sentado y guardo numerosas bolsas de plástico en una cesta.
Cuando iba a irse, una voz detrás suya dijo: – ¿Perdona?.
Anthony se volvió hacia la voz y vio a un joven de unos quince años. El chico era alto para su edad, pasaba del metro setenta, tenía el pelo castaño y llevaba una pequeña perilla. Era bastante delgado, unos setenta quilos a ojo.
– ¿Eh, que quieres? – respondió Anthony.
– Vengo con mis padres a esta zona de la playa todos los días y usted siempre está aquí. ¿Pican mucho por esta zona? – preguntó el joven.
– No logro pescar algo en concreto, llevo ya veinte años detrás de él y ahí esta burlándose de nosotros – respondió firmemente.
– ¿El qué?, yo no veo nada raro – dijo mirando hacia el horizonte.
– Míralo, allí a lo lejos se va perdiendo, en la linea del horizonte. – comentó Antonio en voz alta.
El niño miro dos veces y preguntó: – ¿Quiere pescar el Sol?.
– ¿Por que no?, el hombre lleva muchos años haciendo cosas que se creían impensables. – respondió Anthony.
– Pero… ¡Eso es imposible, el Sol esta demasiado lejos! – exclamó el chico.
– Si dejáramos de intentar las cosas por creer que son imposibles, nunca nos habríamos superado. Nunca dejes de intentar cumplir tus sueños, lucha por ellos. El día que perdamos el derecho a soñar, ¿Que nos quedará?

Dicho esto, el pescasol se fue, mientras el niño observaba callado los pasos que iba dejando en la arena tras de sí.